lunes, 30 de enero de 2012

Hablando de límites

Justo hoy leí algunos post de otros blogs que frecuento, hablando de este tema, alguno de ellos vinculado a la tarea de criar hijos múltiples. Hace casi un año escribí algo al respecto y hoy quiero compartirlo desde aquí. No hice ninguna modificación ni enmienda, pero debo aclarar que hoy mis niños sí guardan sus juguetes y varias veces al día, en la plaza no entran a la zona de columpios si no les digo que pueden y por supuesto ya saben muchas más partes del cuerpo que panza y cabeza :)

Sin demasiadas reglas...

25 febrero 2011, a la(s) 16:15

 
Ya sé que no existen las madres perfectas y no me esfuerzo en lograrlo. Pero sí quiero ser una buena madre y a eso le pongo todo mi empeño. No soy persona de convencionalismos ni tradiciones y no le tengo miedo a replantearme hasta la idea más arraigada y caminar para atrás si es necesario, si descubro, siento, pienso, que es lo mejor para mis hijos. Lo mejor para el día de hoy y lo mejor para el día de mañana. Yo escucho y leo todo lo que me cuentan otras madres que comparten conmigo su experiencia. Y leo libros donde otra gente cuenta lo que sabe, lo que estudió y lo que puso en práctica también. Lo analizo, si me es válido desde la lógica, lo reviso por los cuatro costados y el testeo final pasa por cómo lo siente mi corazón.
Las más de las veces tengo dudas, pero le doy el voto a mi intuición y  le pongo mucho amor a lo que hago para suavizar los errores.
Trato de no decir "no" todo el tiempo. Sólo si se pegan entre ellos o si están en una situación de riesgo, nada más. Y cuando me descubro diciendo "no" varias veces al día, reviso si hay algo que puedo cambiar y casi siempre es así. Claro que hay un límite para la adaptación de la casa y claro que no pueden vivir en un castillo inflable para que nada les pase. Pero entiendo que tres niños de 15 meses tienen por naturaleza que explorar, probar, recorrer, investigar...  Y eso implica tocar, abrir, sacar, trepar, gatear, rodar, chupar, comer, oler... cuanta cosa tengan a su alcance. A mí me parece que eso está bien. No creo que se porten mal por intentar abrir todas las puertas y los cajones y sacar lo que hay adentro o treparse a los sillones y querer jugar al cuco con la cortina. No!!! Me parece que es exactamente lo que tienen que hacer!!! Es mi función intentar que todo ese mundo nuevo por descubrir sea lo más seguro posible y estar ahí para cuidarlos y cuando inevitablemente se caen o golpean, dar muchos besos a upa y poner hielo si toca.
Sé que los límites demarcan el sendero por donde uno camina y creo que si de un lado está la montaña y del otro un precipicio, hay que demarcarlo, con señas y luces.  Hoy en día pondría todas las barreras imaginables del lado del precipicio y llenaría de colchones el lado de la montaña. Y sé que a veces no se puede y que uno necesita aprender que no debe alejarse del camino aunque no exista un límite.Considero que hay límites que son necesarios y desde mi perspectiva, creo que a medida que crezcan y vayan tomando conciencia de qué cosas implican un riesgo para ellos o para otros, iré reemplazando los límites físicos por los conceptuales.
Lo que no me parece es que si hay un prado surcado por un sendero, hacer de mi trabajo el lograr que caminen por el sendero. Por qué habrían de hacerlo? No!!! Quiero que mis hijos caminen por donde les plazca, mientras no dañen a nadie ni a ellos mismos. Quién sabe la de flores y mariposas que podrían perderse!!!  Si no hay peligros y no hay nadie perjudicado, preferiría que elijan por donde quieren andar...
Y entoces, me re planteo, si la dieta debe basarse en una cierta relación de cereales, carnes, vegetales, frutas, lacteos... por qué sí o sí tienen que comer arroz con pollo si resulta que le gustan los fideos con pescado? Me da lo mismo una cosa que otra. No voy a cocinar 3 menúes, claro está. Pero si no quiere hoy las papas, que no las coma!!! Mañana le daré batatas que si le gustan más o más tarde un pedazo de pan  y alguna fruta que seguro lo come y pasado vuelvo a intentar a ver si por un milagro de la naturaleza y misericordia divina se les ocurre a los tres la misma apetencia al mismo tiempo.
Si quieren dormirse a las 23 en lugar de las 21 por más intentos que hagamos de cambiarlo, pero luego se levantan a las 9 en lugar de las 7, por qué no disfrutar de esas dos horas iniciales de la mañana y dejar de quejarse por las dos últimas de la noche?
Si alguno se despierta de noche llorando, y sé que se calma durmiendo abrazadito en la cama grande, voy a dejarlo en su cuna, para que despierte a sus hermanos y/o aprenda de pequeño dónde tiene que dormir? No, yo lo llevo a dormir conmigo. Y si son dos, van los dos, y si son tres, bueno, ya estamos todos despiertos y lo intentamos de otra manera.
Si uno le pega al otro o a mí o a otro adulto, le digo que no se hace, seriamente pero sin gritos y le digo que sí se hacen mimos y se trata al otro con cariño y con amor. "Alguna vez has visto a mamá pegarte o a alguno de tus hermanos o cualquier otra persona? No. No se le pega a nadie, por ningún motivo. Si uno está enojado patalea así (demostración)" Ayer le enseñé a uno de mis hijos a apretujar una almohada cuando sintiera deseos de hacerle eso al hermano... y lo hizo!!! Y uno más, por imitación, fue y lo hizo también...
Nosotros tenemos un dicho y es el siguiente "En esta casa priorizamos la paz!" Que obviamente redunda en el bienestar común.
Mis hijos no son disciplinados. No guardan sus juguetes luego de jugar. Suelen sacarse la comida de la boca y volver a introducirla por sus propios medios si intento alimentarlos con cuchara. Si comen solos lo hacen muy bien, salvo que se les ocurra "compartir" con la Pelu, nuestra perrita. Si no les gusta la comida, la escupen. Una vez. Por que no les sigo dando. Pruebo otro día. Ya comen brócoli y les gusta (después de tres frustrantes intentos). Casi no hay nada que no coman, salvo lo papilloso y cucharoso que están empezando a querer eliminar de su dieta. Excepción en este punto para cualquier pote identificado como yogur, danonino o serenito, claro está. Encuentran absolutamente todos y cada unos de los defectos de mi "adaptación segura del hogar". Retan cada uno de los límites físicos, incluyendo mis fuerzas y mi paciencia. Se suben a todos lados. Quieren tocarlo todo y abrirlo todo. Cualquier cosa que tenga yo en la mano es más interesante que cualquier chiche del mundo y lo quieren los tres a la vez. A veces se aburren y lloran, los tres. O se quejan por que no los tengo a todos a upa parada. O se quejan simplemente, vaya a saber uno por qué. Hay veces que lloran a los gritos por que el hermano les sacó el chupete. O se vuelven locos si quedan ellos detrás de una barrera y yo del otro lado. Se duermen a upa o haciéndoles mimos. Se despiertan a veces llorando y lo único que quieren es upa y abrazo.
Eso sí, me llenan de besos y se dan besos entre sí y a sus muñecos. Cuando les pido por favor lo que tienen en la mano, me lo dan aunque lo sujeten un poquito, y cuando les digo gracias dicen "taaata". Saludan con la manito a todo aquel que les diga hola o chau. Son regaladores de sonrisas. Tiran besitos y hacen trompitas y piquitos. Se saben tocar la panza y la cabeza. Intentan ponerse solos los zapatos, los propios y los míos. Me imitan en cada uno de mis gestos. Bajamos de la mano a la cochera o subimos igual a la terraza. Bailan con cada parte de su cuerpo con una canción que les gusta y aplauden cuando termina. Se sientan en mi falda para que les lea un cuento. Caminan en trencito. Les encanta bañarse a los tres juntos y ninguno se queja porque mamá todavía no encuentra una técnica para enjuagar cabezas sin que ellos tengan que mirar para arriba una cantidad de tiempo insoportablemente larga. Pueden esperar hasta media hora sentados en sus cochecitos sin llorar si saben que vamos de paseo. Me esperan paraditos en sus cunas mordiendo el chupete de costado- para reirse mejor, supongo- cuando los voy a buscar en la mañana. Y para mí, son los bebés más adorables del mundo y reconozco absolutamente mi falta de objetividad al respecto.
Medio en chiste, medio en serio, hay quienes me han dicho que en un par de años voy a tener que llamar a la super niñera, porque claramente no aplico ninguno de los métodos tradicionales de disciplina.
Claro que quiero que tengan buenos modales, que sean amables y respetuosos. Pero no por eso quiero que sean menos libres, los quiero menos atados a algunas reglas que permanecen sin cuestionar por más tiempo del que deberían...
Recuerdo esa anécdota de los soldados que por años se turnaban en la noche para cuidar un banco. Nadie se cuestionaba la orden de hacerlo y noche tras noche había alguien a quién le habían dado la orden de permanecer a su lado. A un soldado se le ocurrió preguntar a su superior sobre el sentido de esa guardia. Su superior mandó a castigarlo pero decidió investigar el origen de dicha tarea: hace varios años, el banco se había mandado a pintar a la tarde, y para que nadie fuera a ensuciarse si se sentaba, se ordenó a un soldado quedarse a su lado durante la noche para evitarlo.
Hay veces que me pregunto cuantos bancos pintados estaremos cuidando hace años.
No me resulta fácil, ni en el día a día, ni en la declaración de principios, pero lo hago desde el convencimiento que sólo los buenos tratos generan buenos tratos y de que la violencia sólo puede generar más violencia y que algunos límites -no todos- no son más que violencia encubierta, en cuanto a sometimiento u opresión, en cuanto a la negación del derecho a elegir entre opciones razonables o posibles.
Comparto esto por necesidad de compartir, para que me cuestionen cada palabra de lo que digo, para que me hagan ver en qué me equivoco o dónde falla mi razonamiento. Para animar, a cualquiera, que piense diferente a la mayoría, que lo diga. No es malo disentir. No se es un maleducado ni un guerrillero por no estar de acuerdo. Simplemente se es diferente. Los invito a aportar diferencias.
 


4 comentarios:

  1. Yo no lo hubiera podido explicar mejor!! Me encantó y comparto absolutamente.
    Muchas gracias!!

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  2. Muy buenas Trillicidades:

    Después de leer tu comentario en el blog de Natalia, me he decidido a pasarme por aquí... creo que entre tu forma de hacer las cosas y la nuestra hay muchas similitudes en el fondo. A mí también me gusta que descubran, y gateen, y chupen y prueben. Lo que pasa es que mi cabeza es un poco demasiado estructurada, tengo necesidad de orden y horarios porque así me han criado y así crío a mis niñas. No faltan abrazos, claro, y a veces comparten nuestra cama, igual que en todas las familias seguro. Creo en los límites para los niños, y aunque no les hayas "impuesto" límites a tus niños, veo por lo que cuentas que los respetan y los cumplen. Con límites me refiero a hacer caso a sus madres, no pegar, intentar colaborar en ordenar (cuando son capaces, claro). No quiero que mis niñas tengan límites en cuanto a forma de ser o de pensar, o de aprender y experimentar. Sólo de educación y respeto. Y además, necesito en mi cabeza cierto orden para llevar mi vida que intento que ellas sigan también, pues es la forma de estar muy a gustito con ellas. Como dijo Entrillizada, a veces nos sentimos un poco sargentas, pero es nuestro saber hacer. Está claro que cada uno tiene su saber hacer (no me ha gustado nada leer en tu comentario que al principio recibíais muchas críticas, la gente siempre, le gusta mucho o demasiado criticar), y no tiene que ser mejor uno que otro. Eso sí, como madres de trillizos, creo que me asombráis más que los de únicos. Con uno es fácil saltarse los horarios y esas cosas, pero con 3 me da la sensación de que todo se descontrola... (igual la que me descontrolo soy yo, que no lo descarto, ja, ja!). Me ha gustado mucho el post, y leer sobre vuestra forma de hacer las cosas, y con tan buen resultado. Un abrazo enorme y encantada de descubrir tu blog!!!

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    Respuestas
    1. Gracias!! Seguramente es así, muchas veces las formas exteriores diferentes no hacen que el sentido y las motivaciones sean diferentes también. Y seguro que nuestros hijos tienen límites... Cuántos? Los menos que se pueda y tantos como sean necesarios!!! Es así... En la medida que los vamos y nos vamos conociendo los límites cambian. Ejemplifico con algo muy sencillo y concreto: un año atrás no hubiera permitido que uno de mis hijos se trepara al tobogán y se deslizara sin estar todo el tiempo encima. Hoy sé que lo hacen perfectamente, así que los dejo. Me quedo prudencialmente cerca-lejos. Gracias por tu comentario y en cuanto pueda paso a saludarlos :)
      Un abrazo para ustedes y besitos para las reinitas!

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