jueves, 18 de octubre de 2012

Nicolás

Tus pequeñas pataditas fueron las primeras que sentí cuando los estábamos esperando. Cada mañana, cuando les cantaba y les hacía mimos a través de la panza, no dudabas en desperezarte dándome la tranquilidad de que todo estaba bien. Me hacía falta y te lo agradecía cada vez.
Fuiste el primero en nacer, el primero en contarme tus sueños balbuceantes, el primero en darse vuelta solito. En sentarse, en gatear, en aprender a caminar. El primero en tener uno, dos, tres y cuatro dientes. Eso sí, tardaste un mes más que tus hermanos en empezar a comer.
Eras un bebé tranquilo y sereno. Cuando pensaba que ya no podría seguir amamantándolos, vos te mantuviste fiel y constante y renovaste mis esperanzas.
Tuve los primeros indicios de cómo encararías cada cosa que hicieras cuando empezaste a caminar. A los nueve meses te sostenías del sillón o de las barandas del corralito y te desplazabas de una punta a la otra. Yo creí que en breve te tendríamos dando vueltas por la casa. Pero no. Tenías que asegurarte. Le hiciste a la gravedad todas las pruebas que creíste conveniente. Te quedabas paradito, te soltabas y te tocabas la panza. Más adelante, te parabas sin apoyo alguno y te volvías a sentar. Durante cuatro meses analizaste y mediste cada escenario posible y cuando cumplías trece meses decidiste que ya era hora. Muy pocas veces te tropezabas o caías. Tu paso era firme y seguro.
Cada cosa nueva que probás tiene que pasar primero por tu riguroso exámen. El primer día en la plaza te enojaste porque te paré en la arena. Pero cuando te senté sobre mi falda, de a poquito, te empezaste a hacer amigo. Te doblaste entero y apoyaste tus manitos, luego un pie. Los dos piecitos moviendose una y otra vez palpando y sintiendo el nuevo terreno. Bajaste de mi pierna, te sentaste en la arena sonriente y te alejaste de mi, gateando. No parabas de reirte y de moverte.
El mismo guión para cada escenario posible: la comida, la pileta, la calesita, el pelotero, el teatro, el cine. Ahora que ya te conozco me quedo tranquila. Sé que cuando salgas e incluso en otras ocasiones, varios días después, vas a contar entusiasmado cuánto te divertiste, todo lo que viste, lo mucho que te gustó. Pero las primeras veces tu actitud es siempre la de observador neutral, de visitante casual, de extranjero.
Siempre te gustó bañarte, te hago entrar primero y aunque salgas último y no quede ni una gota en la bañera, llorás porque se terminó el baño. Nunca te gustó sentarte a comer. Algunas veces te hacemos un circo y otras simplemente esperamos pacientemente a que te calmes y te decidas a probar un bocado.
Sensible a extremos incalculables: si el tono de voz cambió buscás la mirada, y si algo en ella te indica que existe una señal de enojo, tu llanto se desata incontenible. Si los ojos que ves te devuelven lo que esperabas, te reís con esa risa tierna y clara que enamora.
Apasionado por la música, desde bebé todo tu cuerpo se movía al ritmo de las notas. Ningún instrumento musical te ofrece resistencia: fácilmente le robás melodías a la flauta y a la armónica, ensayás graves y agudos, sonidos cortos y largos, débiles y fuertes. Tus dedos se deslizan suaves sobre el piano. Te fascinan las guitarras y los tambores. Te inventás las letras de las canciones y cantás como el tenor más aclamado. El mejor regalo que te hicieron fue un micrófono. No dejabas de hacer reverencias cada vez que apretabas el botón de los aplausos.
No sos muy amigo de las cosas que ensucian y se pegan en las manos, ni siquiera el algodón de azúcar logró convencerte con su dulce hechizo.
Desde pequeño nos mostraste que preferías ordenar los colores que pintar con ellos. Por la ventana de tu cuarto podés ver el tren. Debe ser que lo sentís tan tuyo, pienso yo, que no dejás de armar uno con lo que llegue a tus manos: trenes de bloques, de autitos, de crayones, de muñecos de peluche, de platos,vasos y cubiertos. Varias veces he logrado convencerte de comer con trenes de arvejas, de granos de choclo, de trocitos de milanesas, atravesando montañas de puré de papas y ríos de tomates. Si lo que ves te gusta, te animás a meterlo en tu boca. Del tiempo que llevo conociéndote, aprendí que puedo apelar a otros sentidos: te ofrezco una uva para que la hagas rodar por tu mejilla, o te pido que acerques un raviol a tus labios o que huelas la cucharita con guiso de lentejas. Unas veces funciona y otras no. Sos vos el que decide. Yo te ofrezco que pruebes, o lo intentes.
Te encanta correr, reirte, las cosquillas, los besos, los abrazos. Te dejás hacer mimos por periodos que cualquier otro bebé consideraría eterno y luego pedís más: "por aquí y por aquí."
Sos generoso, tanto que, lo confieso, he dejado escapar más de una lágrima emocionada. Nunca dudás regalarle a tus hermanos los últimos dos ositos que quedan en tu bolsa, y para quien no lo sepa, en esta casa, son el tesoro más preciado. Le has pedido que no llore a tu hermana porque se le acabó el postre, porque vos todavía tenías para compartir. Te he visto darles tu chupete en alguna emergencia bebuna.
Si de primera impresión alguien deduce que sos tímido, se equivoca. Sólo estás tomándote tu tiempo. Sos el payasín más gracioso del mundo. Cualquier cosa vale para hacer reír: gestos exagerados, vocalizaciones interminables, danzas con movimientos extraños de brazos y piernas. Pero lo que no tiene igual es tu capacidad de poner caritas, caruchas, caripelas... Sos un mago de la expresión facial. Desde bebé lo hacías. Para todo. Si algo no se ve bien, no huele bien, no te resulta agradable al tacto, inmediatamente tu nariz se frunce, tu boca se contorsiona, tus ojos se cierran y todo tu cuerpo se estremece. Si te gusta, tus inmensos ojos se iluminan, tu sonrisa se extiende de lado a lado de la cara, tus pómulos se levantan y tus hombros acompañan el movimiento.
Te gusta saberme cerca y la primera subida al tobogán o a la casita de madera, tiene el pedido seguro: "mamá, dame la manito". Me deshago de ternura y voy y te sostengo. Sé que talvez vuelvas a pedirlo la segunda vuelta y de ahí en más vas a subir y bajar corriendo y riéndote una y otra vez, buscándome con la mirada para compartir tu alegría.
Observador del mínimo detalle, sos capaz de descubrir cosas  que cualquiera pasaría desapercibidas. Atento. Sereno. A veces te cuesta expresar lo que sentís y te quedás serio y callado, pero no por mucho tiempo.
Sos un nene feliz. Que corre y juega y llama a sus hermanos para que lo acompañen y les propone nuevas formas de hacer los mismos juegos.
Estilizado y hermoso, tu pelito suave, tus ojos inmensos como dos soles y tu mirada profunda. Tus labios como cerezas, tu pera fina y delicada.  Mi niño dulce como el dulce de leche. Si te dormís pegadito a mí, tus manitos recorren mi brazo haciéndome cariño. Así me despertás por la mañana cuando querés que ya nos levantemos.
Bello y transparente. El ángel de mamá y mamá. Nuestro niño mayor. Nuestro niño adorado.
Mi maestro más paciente y más tenaz. Por vos he tenido que voltear mis pensamientos, darlos vuelta y reconstruirlos, para que sirvieran. Me has hecho más flexible, más tolerante, más humilde, más cariñosa. Ojalá pudiera ser tan generosa como vos, tan segura como vos, tan alegre como vos. Ojalá pudiera. Te admiro, de verdad te admiro. Y te amo profundamente. Quisiera que siempre tuvieras esto presente, para que aquellas veces en que me resulta difícil ser la mamá que necesitás y eso me enoje y me frustre, entiendas que no es con vos, es conmigo, porque quisiera ser mejor para vos y a veces, simplemente no puedo. Mi niño especial, mi niño de luz. Te amo y abrazo desde mi corazón. Gracias por existir mi Nico chiquito, gracias por hacerte presente en nuestras vidas, gracias, infinitamente gracias por el inmenso y maravilloso regalo de permitirnos transitar junto a vos esta parte del camino. Te amo.
 
 

2 comentarios:

  1. Nicolás se parece mucho a mi peque Nere, la primera que noté, nació la más pequeña y fue la que más luchó por estar aquí. Al principio parecía que iba por detrás de sus hermanas, pero sólo se tomaba su tiempo, ya les lleva cuatro meses de ventaja en la aventura de andar solita. Es tan observadora, cuando conoce a alguien no le regala la sonrisa poque sí, le estudia, y cuando ya se siente segura, lanza una sonrisa que te derrite. Es mi gran pequeño milagro. Nico y Nere, NyN, curiosidades de la vida... Un texto precioso para un hijo maravilloso!!!

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    1. Muchas gracias por tu comentario, ciber amiga!! Quise escribir algo para cada uno (no sé si alcanzaste a leer los otros dos) porque si bien son trillizos cada quien es un hijo separado... eso lo podemos saber bien los padres, no sé si siempre el resto de la gente lo ve así. Tambien quiero que ellos en un futuro, sientan esto, que su individualidad es maravillosa y eso es lo que hace que el trío sea mágico y no al revés...
      Un gran abrazo para los 5!

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