viernes, 12 de octubre de 2012

Patitos al agua...

La semana pasada los peques empezaron natación. Yo quería aprovechar el impulso de las vacaciones que tomamos en Agosto, donde pudieron disfrutar mucho del agua, pero por distintas razones, no pudimos hacerlo hasta ahora.
Como estaban en el límite superior de los bebés y en el límite inferior de los niños pequeños, la profesora me dio a elegir en cual de las clases queríamos estar. En la primera los niños están en el agua con el adulto que los acompaña y en la segunda, están los niños solos pero el adulto puede entrar con ellos a la zona de piletas y quedarse sentado al borde mientras están en el periodo de adaptación. Sin pensarlo, le dije que mejor en la primera, ya que no sabía cómo podían reaccionar estando yo fuera. En la vuelta de correo me entero que es un adulto por niño, con lo cual, descartada la clase de bebés y tuvimos que tomar la de los niños.
Debo decir que estaba algo nerviosa, pues no quería que se fuesen a sentir mal o inseguros, cuando les conté cómo iba a ser la clase, me decían: "no, las profes no, mamá en la pileta". Les aseguré que se iban a divertir, que no iban a tener que hacer nada que no quisieran, que yo iba a estar ahí, al ladito y que si algo no les gustaba, podíamos probar otra vez, que a veces de primera puede que algo no nos guste y más tarde sí. No los convencí demasiado, pero allá fuimos.
Gratamente debo decir que mis preocupaciones estuvieron demás. Durante su primera clase, dos profesoras se dedicaron por completo a ellos y dividieron la pileta para que tuvieran su espacio particular. Ni siquiera les dijeron "entren al agua", simplemente pusieron juguetes, como molinos de agua con embudos y regaderitas para que ellos hicieran girar las aspas al volcar el agua. Cuando se acabó el contenido de la regadera,  fueron entrando uno a uno a la pileta por su recarga. El que más tardó en entrar debe haber demorado unos cinco minutos desde que nos acercamos al borde. Jugaron a soplar burbujas y por turnos cada uno tragó un poco. Se asustaron, tosieron, vinieron por un abrazo y un beso de mamá... y volvieron a la pile!!! Siguieron jugando, primero en el escalón inicial (el agua les llegaba a las rodillas) y luego bajaron, con el agua a la pancita. Juntaron pescaditos de plástico del fondo y se les mojó la nariz y la frente y cuando llegó la hora de juntar pelotitas flotantes, caminaron hasta el fondo, con el agua por el cuello. Ninguno quiso salirse y una vez fuera, tuve que perseguir a dos que querían volver a entrar.
Disfruté tanto. Los sentí cómodos, libres, absortos y divertidos. Respetados. En sus tiempos, en sus ritmos, en sus modos. Yo había pensado que el primer día no les iba a tomar fotos, para tener toda mi energía disponible para ellos, pero la verdad es que sólo necesitaban saber que estaba ahí, así que pude sacar mi cámara y retratarlos. Aquí los tienen...



 
 

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