lunes, 15 de octubre de 2012

Sofía

Te vi nacer. Vi como te alzaste de mi vientre, con tus piernitas cruzadas y pegaditas al cuerpo. El médico que te recibió te trajo a mí y te apoyó sobre mi pecho. Estabas toda envuelta, pero una de tus pequeñas manitos quedó libre y te la llené de besos sin dejar de mirar ni por un instante tu hermosa carita. Me enamoré de vos inmediatamente. Te quedaste un ratito conmigo hasta que te llevaron a encontrarte con tus hermanos y tu otra mami, que ya estaba allí, cuidándolos.
Naciste un jueves, que era día de visita de abuelos en la clínica, así es que los tres te conocieron prontito y mamá te sacó una foto para que pudiera verte. Pasaron muchas horas y una noche infinita hasta que te pusieron en mis brazos y lo primero que hiciste fue atrapar uno de mis dedos con tu mano diminuta. Mi pequeña hija, tan bella, tan pequeña, tan soñada, tan mía.
Llegaste a casa con Nico, Gaby se tuvo que quedar unos días más. Yo estaba dividida, mi corazón partido. Tenía tanto miedo. Se levantaron al día siguiente con un moco cada uno y lloré desesperada pensando que me obligarían a llevarlos de nuevo, pero no fue así, afortunadamente.
Los primeros meses llorabas mucho y costaba calmarte. Siempre dije que algo te pasaba y tu otra mamá te decía que ya tenías abogada (y un poco ha resultado cierto). A los cuatro meses tuvimos que internarte por un episodio de reflujo y cuando te dieron la medicación que necesitabas, de pronto tu humor cambió y empezaste a ser la bebé que yo sabía que eras.
Empezaste a jugar muy pronto con tus juguetes y tus deditos habilidosos eran capaces de sorprendernos a diario con sus logros. Cuando tus hermanos gateaban ya, no tenías ganas de moverte y te quedabas sentada, jugando tranquila, hasta que un día una galletita quedó fuera de tu alcance y descubrimos que era el estímulo que necesitabas.  Te reías de una forma tan linda que contagiaba a todos. Siempre tenías una nueva ocurrencia.  En el verano siguiente a tu primer cumpleaños viajamos a la casa de la abuela. Apenas dabas tus primeros pasitos. Te llevé a la plaza donde yo misma aprendí a caminar y de allí saliste, como una bailarina con tus bracitos hacia arriba y tu pollerita con volados, recorriendola por entero.
Tus besos de conejo, de haber cotizado en bolsa, nos hubieran hecho millonarias.
Todo lo aprendías muy rápido, que donde estaba la cabeza y donde el ombligo, que donde los pies y donde las manos. Fuiste la primera en hacer recados, recuerdo una vez mientras cambiaba a tu hermano que no dejaba de llorar y te pedí si podías traerle un chupete. Te levantaste y buscaste por todos lados, te agachaste a mirar bajo la mesa y también bajo el sillón, ni siquiera sé donde lo hallaste pero viniste a mí, con tu sonrisa triunfal y el chupete bien agarradito en tu mano regordeta.
Siempre te gustó hacer las cosas por vos misma: comer solita, sacarte los zapatos, bañarte con la esponja, desvestirte por completo y ahora vestirte también.
Me impresionó la primera vez que te escuché cantar una canción de varias estrofas sin equivocarte ni saltearte un pedacito. No sabía que podías hacerlo.
Mi niña traviesa, ocurrente, bromista. Mi niña infinitamente dulce y cariñosa. Mi niña inteligente de ojitos chispeantes. Mi niña risueña. Mi niña de carácter fuerte, desatadora de huracanes y tormentas. Expresiva, sensible y empática, nada te pasa al lado sin que lo adviertas y nos los muestres al detalle.
Mi niña hermosa, tan bella tan bella tan bella... la más linda de todas mis muñecas. Tus grandes ojos de pestañas interminables, tu boquita rosada y pequeña, tus rulos desobedientes y empecinados, tus manos, tus pies, tu ombligo... no hay nada de vos que no me guste, mi niña.
Me gusta el modo en que me mirás y me abrazás y me decís "te amo mamita". Me gusta cómo se ilumina tu carita cuando descubrís algo nuevo. Me gusta incluso cuando te mostrás firme o cuando te enojás y ponés el entrecejo fruncido y una trompa que te comería a besos.
Te amo mi niña pequeña, mi princesa adorada. Te miro y te disfruto y me emociono con la luz que trae tu presencia a mi vida. Todos los días aprendo algo gracias a vos. Te agradezco desde el fondo de mi alma que nos hayas elegido para ser tus mamás. Te amo mi Sofi, te amo hija mía.


 

4 comentarios:

  1. Jooooo.... se me ha borrado todo el comentario.... que vaya pestañas preciosas que tiene Sófía, que qué nombre tan precioso, que hace honor a esa niña inteligente e imaginativa. Espero qeu algún día pueda verlos en persona, a ver si por fin voy a ver a esa familia qeu tengo por allá, todos en familia... algún día... un abrazo!!

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    1. Gracias por escribir y volver a escribir tu comentario, gracias por tus palabras. Y sí, que claro que me encantaría que nos conocieramos en persona!!!! Estamos en trámite de conseguir una casa más grande, ideal para recibir familias numerosas :) Abrazos!!!

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