jueves, 11 de octubre de 2012

Somos un poco salvajes, lo confieso...

Debo admitirlo, no hay mejor plan para esta familia que pasarla al aire libre. 
El lugar favorito es el campo del abuelo, porque allí pasamos varios días y dormimos todos en un mismo cuarto. El olor a tostadas con manteca, a naranjas maduras, a tierra húmeda. El horizonte accesible y lejano, interrumpido apenas por una fila de árboles diminutos. El sol con sus bostezos  y la luna imponente haciendo brillar las aspas del molino como si fueran de plata. Las flores silvestres y los tréboles. Los caballitos vecinos. Los paseos "de exploradores". La visita al almacén-pulpería. Cada una de estas cosas es una invitación al disfrute, a la celebración de lo simple.
Nuestros niños duermen dentro de una carpa al lado de nuestra cama, con sus linternas a un lado. Se levantan antes de que salga el sol y una vez afuera no paran de correr, de abrir canillas y mojarse una y otra vez la ropa, de juntar piedritas, de perseguir a la Pelu que creo que aquí lo soporta de más ánimo. Cada tanto hay un golpe, un raspón, una caída. Una huída frenética y despavorida ante el ataque de una mosca feroz que vaya a saber uno que piensan que podría hacerles. Tierra, pegotes, cabellos alborotados. Todo forma parte de la experiencia de respirar aire puro y cobijarse bajo ese cielo azul y cristalino.








Con septiembre nos llegan los tiempos cálidos, los primeros brotes, el sol acogedor. Los fines de semana aprovechamos esos beneficios paseando en familia. El último de los sábados compartimos una jornada en "La Choza", un emprendimiento de cultivo biodinámico y producción orgánica de lácteos, auspiciado por el cole donde entrarán los niños el año próximo. Fue la  Fiesta de la Primavera. El almuerzo fue una degustación de deliciosos platos y jugos naturales, luego recorrer el lugar, subir a los árboles, participar en numerosos juegos. Hubo músicos y bailarines. Visitamos a las ovejas y a las vacas, pero sólo a las pequeñas, porque las grandes hacen "muuuuu" muy fuerte y no les gusta nada eso. Cuando llegamos al cuento de mesa el plan había sido demasiado largo para los enanos y tuvimos que irnos antes de que terminara.



Al día siguiente teníamos plan de conocer el Parque de la Costa, que tiene juegos para todas las edades, obras de teatro y musicales para niños y está a la vera del río, así que se pueden ver desde allí pequeñas embarcaciones. Pero al llegar había una cola de gente que llegaba a dos cuadras de la entrada, así que hubo cambio de planes y decidimos hacer el recorrido del Tren de la Costa.  El tren hace  distintas paradas y te puedes subir y bajar cuantas veces quieras. Elegimos tres destinos y en uno almorzamos y descubrimos una fuente y un castillo (que resultó ser una iglesia). En el otro los peques disfrutaron de un chupetín a orillas del río y jugaron en columpios y treparon tronquitos. En el tercero recorrimos una feria de antigüedades y en retrospectiva no fue un plan interesante para los niños. Pero las galletas de chocolate y el jugo de naranjas compensaron. Ya el paseo en tren constituía una aventura y a la vuelta, más confiados, quisieron sentarse los tres juntos pero "solos", en el asiento frente a nosotras.

















Están tan grandes nuestros niños, se los ve tan felices corriendo delante y volviéndose sólo para sonreirnos y hacernos parte de su aventura, descubriendolo todo, experimentándolo todo... Qué importante es que puedan hacerlo, que importante es que se puedan encontrar espacios donde eso sea posible y seguro... Ya cada vez nos quedan menos razones para quedarnos en la ciudad y encontramos más y más atractiva la idea de mirarla desde fuera.
 
Y es que somos un poco salvajes, lo confieso...

2 comentarios:

  1. Ay como me gustan esas fotos de niños correteando libremente al aire libre! Yo debo de ser un poco salvaje también pero creo que donde mejor están los niños es al aire libre, y si es en el campo mejor. Me crié en una casa con un jardín muy grande y era mi lugar de juegos favorito, aunque hiciese frío o lloviera. Ahora vivo en las afueras de la ciudad y he podido conseguir para mis hijos una casa con un poco de jardín y tenemos un perrito, bueno perrito es un decir porque pesa 30 kgs pero es el mejor compañero de juegos para mis mellizos. Creo que el contacto con el campo y con los animales es muy bueno para el desarrollo de los niños, y esto a los que vivimos en la ciudad a veces se nos olvida. Aún recuerdo a una niña sorprendiéndose de que mi perro tuviera uñas, somos demasiado urbanitas!

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  2. Gracias por tu comentario!
    Qué bueno que hayas podido conseguir un lugar así para tus niños. Yo crecí también en una casa con jardín y mi cuadra daba al final del barrio, colindando con una finca que antes tuvo viñas y olivares. Todos los juegos que compartíamos allí con mis vecinos se quedarán para siempre en mí: ese lugar era nuestra selva, nuestro bosque, nuestra granja, nuestra casa de campo... Aprendimos a cazar langostas y luego dejarlas libres, a caminar sus acequias con los pies descalzos para transformarnos en exploradores de ríos milenarios. Aprendimos que las manchas de las aceitunas maduras no salen más de la ropa, que cuando cae granizo lo primero que se siente es el olor a hinojos...
    Hoy anduvimos mirando algunas casas fuera de la ciudad y hay una que nos ha parecido muy buena, a cruzar los deditos por nosotros!

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