miércoles, 26 de junio de 2013

Mamá.... y hoy que vamos a comer?


Apenas superados los primeros treinta segundos de la alegría por el reencuentro, del correr a mí al grito triplemente multiplicado de "mamá", los besos y los abrazos, ésta suele ser la pregunta de mis hijos cada vez que voy a buscarlos del jardín, es decir, a diario.
Siendo la hora que es -medio día- y considerando que ya todo está resuelto para el momento de su llegada, se podría pensar que la respuesta al interrogante es sencilla. Ni tanto. Por que verán, he descubierto que para mis niños no es tan importante el contenido en sí del menú como el modo en que el mismo sea presentado. De modo que nuestros almuerzos han pasado a ser "los ravioles que nos encantan", "las milanesas con puré que me pidieron el otro día", "la tarta de brócoli con semillitas como comimos en el campo del abuelo" o "fulanito que ustedes me ayudaron a comprar en el super" y "menganito que les gustaba muchísimo cuando eran chiquitos"... Si no hay una conexión emocional positiva, cualquier menú, por delicioso que sea, está destinado al fracaso -esto por que nunca jamás vuelvo a repetir la nefasta experiencia de mencionar el postre y que la comida se transforme en un suplicio esperando la llegada de lo que realmente querían comer-.
Suelo preocuparme y ocuparme bastante en relación a la alimentación de mi familia y como con casi todo, a medida que voy leyendo, interesándome, conociendo gente nueva, voy tratando de mejorar el menú, su variedad, hacerlo más saludable, en fin, lo normal del oficio. Me gusta mucho cocinar y comer lo que cocino, eso creo que lo hace mucho más fácil todo.
Mis niños son de buen comer y no me refiero con esto a la cantidad, pero suelen medianamente terminar su plato con cualquier cosa que este contenga. En épocas difíciles pueden encontrarse paisajes o muñequitos y cuando están más receptivos, comida normal, digamos.
Comen de todo: legumbres, cereales, vegetales, carnes, huevos... de todo. Aman las frutas pero eso es parte de las meriendas, desayunos y postres, así que no cuenta.
Siempre que puedo trato de poner ingenio, además de amor, en cada plato o en el modo de presentárselos. Pequeños trucos para que prueben esto o aquello: deliciosas hamburguesas en el pan que le corresponde, con queso, tomate y lechuga, pero tanto como una hamburguesa tradicional de carne puede haber quinoa, lentejas, yamaní, mijo. De todas mis comidas, no hay nada que ranquee tanto en versatilidad como las milanesas, que literalmente, pueden ser de cualquier cosa.
Que yo me he creido que con eso los tenía como clientes cautivos, pero resulta que hoy he descubierto que me han pillado y aquí viene la historia que motivó este post:

Hoy íbamos a comer merluza, en milanesas, por supuesto. Como me imaginaba que podía haber uno que otro opositor, también hice tallarines de morrón y puré de calabaza, que en sí mismos ya me resultan alimento suficiente.
Luego de la consabida pregunta acerca de lo que íbamos a comer, traté de presentar el tema lo más marketineramente posible: "Hoy vamos a comer unas milanesas muy especiales y muy ricas, un delicioso puré de calabazas y tallarines naranjas que Nico me pidió que comprara cuando hicimos juntos el pedido al super".
Sofi empezó a llorar y dijo "Pero yo quería carne!" Entonces le dije que las milanesas que íbamos a comer hoy eran de carne, de una carne diferente porque era de pescado, pero de carne al fin.
Se quedó un rato pensando y luego me preguntó: "las milanesas son de círculo?"
No pude más que largar la carcajada mientras manejaba... mi niña ha descubierto el truco!!! Las milanesas que realmente le encantan no vienen en "círculos"... esa forma es indicativo de que las milanesas son "sospechosas", como mínimo.
Por supuesto se ofendió un poco de que me hubiera reido con su pregunta, pero al explicarle el motivo de mi risa y asegurarle que las milanesas de hoy no eran circulares, se calmaron los ánimos y esperó tranquilamente a ver su plato.
Que si comió uno el pescado de buena gana, la otra con mucho puré porque mucho no le gustaba y el tercero me pidió que lo quitara del plato y se dio panzada de tallarines y puré de calabaza, pasa a un segundísimo plano.
Porque claramente, lo primero, es que mis niños saben con exactitud lo que les gusta y lo que no, aunque se lo coman todo y que no hay forma de que pase gato por liebre. Me han descubierto. Pero soy una de las madres que les tocó y la que mayormente se encarga de la comida, así que eventualmente, seguirán habiendo milanesas circulares, y de las otra, por supuesto.

Amo que me hagan reir tanto como amo verlos crecer. 
Amo que me hagan siempre volver a pensar lo que pensaba y revisar aquello que daba por sentado y la mayor de las veces, cambiarlo.
Amo que encuentren el modo de hacerme tener presente que son, cada uno, una personita diferente y los tres diferentes a mi. Y a ella. Y puede parecer una verdad trillada, pero a veces asumimos necesidades de los otros que no son tales, y otras  "asumimos a los otros", directamente: gustos, modos, pensamientos, emociones, sentimientos. Y no. Y como a nuestros niños les encanta complacernos o porque son sumamente adaptables, podemos llegar a creemos una cosa por otra. Que bien que ellos estén ahí para hacerse conocer.

Cómo me gusta ser mamá.

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