jueves, 3 de octubre de 2013

Sin capa ni espada...

21 febrero 2011 (mis hijos tenían casi 15 meses)


Qué increíbles son las transformaciones que uno experimenta a lo largo de su vida.
Para mi, la más grande de todas, fue convertirme en mamá.
No vengo a contarles todo lo todo que eso significa para mí - tampoco creo que pudiera hacerlo.
Lo que traigo a cuento es mi sorpresa al despegarme de mi cuerpo unos instantes y mirarme un poquito de lejos en algunas instantáneas de mi último viaje y compararlas con escenarios y situaciones semejantes de mi "vida pasada".

Antes -y pasando los 30, valga la aclaración- meterme en cualquier pileta no climatizada, podía llevarme desde media hora a toda una eternidad, simbolizada por un único pie danzando indeciso al borde del agua. Ahora tengo que convencer a tres de que esa pileta maravillosa e increíblemente fría, constituye una experiencia grandiosa -y todo esto entre que el sol ya no molesta y antes de que se vaya.Tiempo estimado de inmersión completa de madre: 5 minutos a lo sumo.

Los sapos son unos bichos de lo más divertidos cuando se llaman Pepe y saltan y saltan por un jardín pintado de la mano de Adriana. Ahora, cuando le tirás una ramita para ahuyentarlos y saltan a morder la rama - o lo que quiera que hagan abriendo y cerrando la boca con la rama adentro-, o con la llave de la puerta de la cabaña para que haga más ruido y se espante pero se viene a encontrarla y esos son dos sapos distintos y hay 3, 4 o 5 más mirándote a los ojos unos metros más allá... les puedo asegurar que cualquier tipo de simpatía se ve completamente desmoronada. Unos años atrás, ya me hubiera subido al auto y aguantar unos kilómetros más hasta encontrar un hotel libre de sapos. Pero ahora no quedó más que pedir una escoba y rezar para que no quisieran dormir con nosotros.

Las langostas -o saltamontes- son bastante lindas, creo. Tienen muchos colores y alas casi de mariposa algunas. Claro que pocas veces las usan porque lo que más hacen es saltar. Ahora, si el piso está apretado de langostas, tanto que no se ve el piso, y los mencionados bichitos tienen intenciones de subirse a tu auto, tus bolsos, tu pelo, tu espalda, tu cara, y todos los etcéteras imaginables... creo que todos acordarán conmigo que hay que ser madre (si se es mujer, claro está) para poder reirte con el bebé que repite tus "aaaaahhhhh" cuando con la puerta abierta del auto intentás desatarlo de su butaca para poder salir mientras todos los bichos se esfuerzan por entrar y vos resultaste la única barrera entre el auto y su deseo...

Ni salvar a la ciudad de los villanos, ni derrotar dragones. Ni grandes aventuras ni grandes enemigos siquiera- salvo enfrentarse a los propios miedos, que otras veces, no resultan poca cosa.

Quiero que conste en mi declaración -o reclamo-, y ante quien corresponda, que además de olvidarse de darnos los manuales, nos dejaron sin capa ni espada.
Y las más de las veces, me harían falta!!!!

Viaje a San Rafael,15 meses
 

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