viernes, 18 de julio de 2014

Último día en nuestro Jardín Rudolf Steiner

Y sí. Ya no tengo dudas ni a quién decirle una cosa por otra... los enanos habrán sido los alumnos y nosotras sólo sus madres pero no por eso es menos nuestro que de ellos, es de todos, es un jardín que es el jardín de la familia... Y los que allí están o estuvieron pueden dar fe de que no falto a la verdad con lo que digo.
 
Y hoy fue el último día de los niños allí y de nosotras allí, y  costó. Y cuesta ahora que escribo.
No faltaron los abrazos, las emociones, las bellas palabras. Entre los niños y entre los grandes también. Qué felicidad y cuánta tranquilidad de saber, hasta el último momento, que no podríamos haber elegido mejor en cuanto a la educación de nuestros hijos.
 
Los detalles más simples. La emoción del maestro de euritmia que quiso compartir de su mano el último tren desde el patio hasta la puerta de su sala. La amorosa contención de sus maestras, por quienes sentimos una gratitud infinita, imposible de describir con palabras. Las bellas carpetas conteniendo sus dibujos de otoño e invierno, los informes adelantados para que los podamos entregar a tiempo en la nueva escuela. El abrazo de quien día a día nos recibe y atiende nuestros llamados telefónicos -que hoy también le dejó a los chicos el privilegio de hacer sonar la campanita que llama a las salas. El grupo de mamás escuchando, conteniendo, sumando fuerza. El amigo que les dijo que los iban a querer siempre y que cuando no estuvieran también los iban a querer. Y el otro que se volvió de la puerta para abrazar a cada uno levantándolos del suelo y dándoles un beso. El papá que me pidió que no le dijera nada, que fuera un día como cualquiera, que nos saludáramos hasta mañana.  AMOR. Esto es lo que recibimos día tras día.
 
Desde hace un tiempo empezamos a preparar  algo que pudieramos dejar en manos de todos quienes estuvieron tan cerca, que reflejara lo que sentimos. Encontramos la forma en un pequeño libro de poemas y lo que sigue es un poco de su  historia y de cómo logramos concretar esa idea...
 
El libro Postales Sanrafaelinas a la Pluma lo escribió mi papá. Lo tipeó, lo diseñó y lo encuadernó él, con la ayuda de toda su familia hace ya mucho tiempo. Yo era una adolescente por ese entonces e hice las ilustraciones que acompañan a sus poemas. Los médicos le habían dicho a mi papá que le quedaban, a lo sumo, seis meses de vida. Después de creerlo por dos meses -que pasó en cama y atado a un tubo de oxígeno- decidió que luego de haber plantado varios árboles y habiendo tenido a sus dos hijos, lo que le faltaba en la vida era escribir su libro. Más bien juntar sus poemas en un libro.  Y así lo hizo, acompañando a la idea de que tal vez pudiera ser un recurso para afrontar su transplante de corazón y pulmones, que un tiempo más tarde decidió no realizar. Su libro se presentó a días de terminado en la Feria del Libro de San Rafael, en la primavera de 1990. Luego, junto a sus exposiciones fotográficas de paisajes de San Rafael, que se llamaban "Postales Sanrafaelinas", presentó su pequeño libro de poemas en la Ciudad de Mendoza y en la Ciudad de Buenos Aires. Uno de sus poemas, "La Tormenta" había ganado hacía ya varios años, una mención especial en el Concurso Nacional de Poesía. Resta decir en esta historia que los seis meses que le quedaban se transformaron en trece años, once de los cuales podrían calificar como suficientemente buenos en términos de su salud.
Si bien no muchos ejemplares salieron a la luz, un buen número de sus libros quedaron en una etapa intermedia. Teniendo de cómplice a mi mamá, que los trajo de San Rafael en su último viaje y a una amiga que me ayudó diseñando la tapa, pudimos re-editar, muy artesanalmente -otra vez-, una limitadísima tirada del libro, sólo para este momento. El corte que ayuda a emparejar bordes, tapas y hojas, lo terminó ayer una encuadernadora artesanal, que justamente es la persona que nos vendió la casa donde vivimos hoy. Un detalle que para mí no es menos significativo.
Los niños dibujaron y pintaron cada bolsita de papel y nos dijeron para quién era cada una. Cuando veía salir a los amiguitos de la sala con las bolsitas y una sonrisa, no pude evitar volver a emocionarme.
 
Y a la noche, cuando creía que ya había superado el momento, después de mirar tres veces cada carpeta de dibujos y haber leido en detalle cada informe, viene uno de mis hijos y me dice que las Tanten les dieron los gorritos que usaron el año pasado en la Fiesta de los Enanitos justo cuando yo iba a abrir las mochilas. No pude hacerlo. Lo dejo para otro día. Es mucho por hoy.
 
Te vamos a extrañar querido Jardín. Ya vamos a ir de visita. Si hicimos 60 km todos los días durante tres meses, no hay motivo por el cual no podamos hacerlos de vez en cuando. Te vamos a extrañar. Pero sabe que vas a vivir para siempre en estos cinco corazones que te llevan muy dentro.
Hasta pronto!

 

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