domingo, 31 de mayo de 2015

Ya dos meses en Tierra Tica

La semana próxima cumpliremos dos meses en esta tierra hermosa. Tanto vivido en tan poco tiempo que me cuesta elegir por donde empezar a contar, pero empiezo...

Una semana después de la última entrada en este blog, encontramos una casa en Santa Ana, a unos 6 km de Escazú que era donde originalmente íbamos a vivir por la cercanía al Jardín de Infantes de los niños.  La casa no es muy grande pero es funcional y justo enfrente hay un parque con juegos y un "salta-salta" -o "brinca-brinca" donde los chicos pueden ir y venir a voluntad, yo los veo y los escucho si estoy trabajando o en la cocina. La casa es parte de un condominio, que es como un barrio cerrado con vigilancia y con algunas áreas comunes. Está ubicada al pie del Cerro Minas y a pocos metros de casa el paisaje se hace rural y la naturaleza desborda por doquier.  Aunque temporalmente interrumpida, comencé una rutina de caminar por las mañanas en el cerro, siguiendo un circuito de unos 4 km. Me encanta porque me permite ir reconociendo distintos árboles y flores en la oportunidad repetida de mirarlos, ser testigo presencial de cómo crecen los cultivos a una velocidad que parece de ficción, encontrarme con otra gente que camina a la misma hora y saludarnos... Tantas cosas!

El camino a la escuela de los niños es precioso y al contrario de lamentar la distancia, la disfruto. A veces busco un lugar donde pudiera orillarme la próxima vez que pase, cámara en mano, varias veces a lo largo de nuestro recorrido. Cada día descubro más cosas. En las mañanas más brillantes, la cantidad de detalles que puede verse en las montañas es increíble. Tan verdes, con esas casitas mirando el valle, tan cercanas... Algunos días salgo de casa y  me costó poner los tres boosters en el asiento trasero y  nos demoramos en el desayuno y entonces nos va a tocar la hora de mayor tránsito y mi humor no está en su mejor estado. Bastan un par de cuadras manejando y todos esos pensamientos y emociones se evaporan, porque estoy ahí, mirando esa belleza y mis hijos están ahí y lo ven, lo viven, lo sienten... Me emociona y me siento agradecida.

La impresión inicial que tenía de los Ticos no ha cambiado: no deja de asombrarme su amabilidad, su buen trato, incluso sus modos y sus expresiones, llenas de "gusto", "dicha", "demasiado"s y "maravilla"... Siento la abundancia de la naturaleza en sus palabras.  Tengo ya un par de amigas ticas, una colombiana y una argentina.  Con los padres y madres de la escuela la relación es muy cordial y fluida, ya hemos ido a la casa de un compañerito que nos devolvió la visita y otro de los niños, hijo de una de mis amigas, también nos ha visitado en casa.

Ya he ido a la feria orgánica de los miércoles y hoy me estrené en la Feria del Agricultor, que en la mayoría de los pueblos y ciudades es los sábados pero en Santa Ana es los domingos. Una delicia para la vista, el paladar y el bolsillo. Probé dos frutas nuevas esta mañana: nace y guava.  Y me traje piña (sí, ya le digo naturalmente piña al ananá), naranjas, una "mano" de bananas, granadilla, guanábano y cas.  Hay tantas frutas nuevas, algunas deliciosas y otras no tanto, pero todas valen la pena el riesgo de probarlas. Las verduras nuevas no son tantas, pero también hay -de esas que no le hallo traducción alguna- como el chayote, el tiquisque, el pejibaye. Otras que no son comunes en Argentina pero sí conocidas, como el plátano, la yuca, los mil-quinientos-cincuenta tipos de chile, en fin.  En los puestos la gente promociona sus productos, te da a probar, te hace rebajas, te dicen quien tiene el "camote zanahoria" que es el que necesito para mi nueva receta de dulce de batata.  Cada tanto hay puestos que venden frescos, que serían como nuestros licuados, o jugo de naranja o pipas frías y hacen falta porque hace mucho calor por la mañana. Toda una experiencia que a partir de hoy repetiré cada domingo -que no estemos de paseo, valga la aclaración... 

Nosotros llegamos a una Costa Rica verde por arriba y amarilla y terrosa por abajo. Mi gran sorpresa cuando fuimos al parque de La Sabana a dos días de llegar,  fue ver que el piso era en su mayor parte tierra descubierta y por zonas un pasto amarillo pajizo, sequísimo, No lo había notado en las zonas más urbanas y en el hotel, porque la gente riega las plantas. En los primeros viajes, las orillas de la autopista igual, con árboles sin hojas también. Guanacaste fue la máxima expresión de la sequía, bosques enteros como si fuera nuestro pleno invierno y una helada terrible lo hubiera quemado todo.  Incendios en las montañas, pequeñas columnas de humo aquí y allá, por el calor tan intenso y la falta de agua por tantos largos meses. A mediados de mayo empezó la época de lluvia, que aquí le dicen invierno, pero es el invierno de más calor de mi vida: en las mañanas pueden hacer 30°C o más y apenas pasando el medio día llueve, a veces dos horas, a veces tres y el cielo se despeja para recomenzar el ciclo mañana. Y pasado. Y al otro día también.  Todos los días hace calor para meterse en la pileta y nadar.  Todos los días llueve y cuando llueve refresca. Yo digo que esta es la Costa Rica de los ticos y "entenados"... La mayoría de los turistas la visitan de noviembre a abril cuando pasaron las lluvias y el verde es rey y soberano sobre toda la paleta posible.  A veces vamos a algún lugar que me gusta mucho y le digo a L., "por favor, prometeme que volvemos en noviembre!".  

Todavía es poco el tiempo y siento que seguimos en "período de adaptación", pero muchas de las complicaciones ya se han resuelto o están en vías de resolverse. Eso sí, los que parece que llevan dos años en lugar de dos meses en el mismo sitio son nuestros hijos en su  escuela: están felices, les encanta ir, conocen a todos los niños, incluso a los más pequeñitos. Están realmente disfrutando y se sienten completamente parte de Bellelli. Eso es grandioso y merece capítulo aparte -y lo tendrá.

Hemos viajado mucho. En general por el día, que para algunos es una locura, pero es el modo de conocer con bajo presupuesto aprovechando las distancias tan cortas. Mayo nos regaló dos fines de semana de tres días e hicimos uso de ambos, visitando Monteverde en el primero y Nicaragua en el último. Entre tanto fuimos a Sarchí y las Cascadas de La Paz y a Manuel Antonio. Cada uno con su encanto, con su historia por contar, con tanto para ofrecer al alma.


Por supuesto que no todo es color de rosa. Claro que se extraña. Seguro que se te parte el corazón cuando sabes que tu familia está pasando por una situación difícil y vos estás tan lejos. Gracias a Dios y a la tecnología hoy existen tantos modos de estar conectados, de estar presentes, de estar cerca... Pero un abrazo sigue siendo un abrazo y una charla mate en mano no se reemplaza con Skype.  Extraño mi gente, mi casa, mi perrita pequeña que se tuvo que quedar con nuestros amigos, porque de tan viejita no podía venir. Hoy me dí cuenta que extrañaba mucho el asadito del domingo. Se me piantó un lagrimón entre bocado y bocado. Es difícil también sentir que se vuelve atrás en algunas luchas: aquí en Costa Rica nuestro matrimonio no es válido, con los problemillas técnicos que eso conlleva. 


Pero de todos modos, no hay un día en que no me sienta agradecida.  Por mi familia primero y por la oportunidad de estar en cada lugar donde he estado, por las experiencias que he vivido y las personas que he conocido en cada momento de mi vida y en este en particular. Para no olvidarme que el "presente" es en su esencia, el mejor regalo que nos da la Vida.



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